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No hay nadie aguante tres carreras seguidas con la Honda

No solo anda revolucionado el patio de MotoGP sin el líder de la cuadrilla. Más perdida está Honda sin Marc Márquez, el número uno de la fábrica, el guía en el garaje y en la pista. Sin el de Cervera, no ha subido una Honda al podio en ninguna de las seis carreras disputadas hasta la fecha. Y eso que el campeonato, abierto como nunca, ha alumbrado hasta cinco ganadores distintos de tres fábricas diferentes: Yamaha, con tres triunfos, KTM, con dos, y Ducati. Sin el de Cervera, quedan al descubierto, además, todas las vergüenzas de una moto de la que cuesta imaginar cómo de agresiva es en comparación con las demás. Valdría, sin embargo, la fotografía de una parrilla en la que, tras las bajas de Márquez, Crutchlow y la más reciente de Bradl, ya solo formarán este fin de semana dos Honda: las de Àlex Márquez y Takaaki Nakagami, noveno de la general y con un cuarto puesto en Andalucía como mejor resultado.

Su Honda RC231V no oficial, segunda en los primeros libres de este viernes en el gran premio de Emilia Romaña, de nuevo el circuito de Misano (la carrera de MotoGP, a las 14.00, en DAZN), por cierto, es hoy la referencia de la fábrica del ala dorada en el Mundial de motociclismo.

Lesionado en la primera carrera en Jerez como consecuencia de una terrible caída, el campeón del mundo Márquez causó baja por una fractura en el húmero de cuya recuperación le costará más tiempo salir después de precipitar su regreso, por bien que fuera siempre de acuerdo con las recomendaciones de los médicos. Sin él, los tiempos no salen en el equipo oficial Repsol Honda, donde el peso recae hoy sobre un debutante de nombre Àlex y apellido Márquez a quien nadie en la casa quiere poner más presión de la necesaria. “Por lo que dicen todos la Honda es la moto más difícil; también dicen que solo la sabe llevar Marc”, declaraba recientemente el piloto, hermano del susodicho, de quien acepta consejos que todavía no dan los resultados esperados.

Con ese panorama, lo lógico sería mirar al box de al lado. Pero el experimentado Cal Crutchlow, con una Honda oficial por mucho que luzca los vinilos del equipo satélite LCR, también se accidentó en la primera carrera. Pese a la fractura en el escafoides de la mano izquierda, pudo correr en Jerez la segunda prueba del curso, y, aunque de aquella manera, arañó tres puntitos. Trató de sobrevivir a las siguientes tres pruebas: tres grandes premios consecutivos, uno en Brno y dos Spielberg, pero la fuerza bruta de la Honda y el sobreesfuerzo al que tuvo que someter al brazo derecho –no estaba recuperado de la lesión en la mano izquierda– le provocó otra lesión. Al completar el triplete tuvo que ser intervenido del conocido como síndrome compartimental, una dolencia de la que ya se había operado en 2014, pero que, dado el estrés al que había estado sometiendo al antebrazo, se reprodujo. Pensaba competir el pasado fin de semana, pero tuvo que retirarse: había mucho líquido en la zona y la herida podía infectarse. No se sabe cuándo podrá volver. No hay plazos. Tampoco los hay para Márquez.

La última ausencia es la de Stefan Bradl, el piloto de pruebas de Honda, que sustituía a Márquez por su baja de larga duración. La exigencia física de la Honda le obligó a practicarse una pequeña intervención quirúrgica antes de volver a Misano este fin de semana “para liberar el nervio del brazo”, según las propias palabras del piloto. Al regresar observó que las molestias habían desaparecido, pero no tenía fuerza suficiente para frenar la moto. “Siento que no puedo pilotar seguro, ni aguantar toda una carrera entera”, decía el piloto alemán, que fue campeón de Moto2 en 2011. De momento, Honda no tiene sustituto para el sustituto. Aunque quizá deba empezar a trabajar en una moto para todos los públicos, que no solo Márquez sea capaz de pilotar.

Se trata de una moto por la que Jorge Lorenzo renunció a un año de contrato y con la que, en las propias palabras de Crutchlow, “no puedes relajarte ni un segundo”. Tan nerviosa y tan exigente físicamente que aunque suponga todo un reto y una motivación para sus pilotos no deja de ser un problema. Incluso el físico de un piloto de MotoGP encuentra límites de vez en cuando. Y este año en que apenas hay margen de recuperación entre carreras –el exigente calendario de 2020 presenta un doblete y cuatro tripletes– los pilotos de la casa japonesa han encontrado sus límites y los de la moto. No hay quien aguante tres carreras seguidas con la Honda.

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