El Mundo

China, cada vez más aislada: crece el rechazo a Xi Jinping entre los líderes mundiales

Si Xi Jinping creyó que su plan para convertirse en el nuevo eje del orden global iba a resultar tan sencillo como lo fue al interior de China, estaba muy equivocado. A nivel interno, Xi logró en pocos años modificar la Constitución, terminar con las presidencias rotativas para convertirse en mandatario eterno y barrer con cualquier forma de disidencia en el Partido Comunista, donde hoy nadie se atreve a cuestionarlo. Pero muy diferente es lo que sucede en el exterior.

Es verdad que China pasó en un puñado de décadas de ser un jugador relativamente marginal a ser una pieza central del comercio y de la economía global, lo que incrementó exponencialmente su influencia política. Sin embargo, líderes mundiales que un lustro atrás recibían a Xi con honores y buscaban cooperar con él, sospechan cada vez más de sus intenciones y están tomando medidas decididas para ponerle un límite.

Estados Unidos se puso a la vanguardia de ese giro, especialmente tras la asunción de Donald Trump como presidente, en enero de 2017. Pero ahora lo están siguiendo las otras grandes potencias, y no siempre occidentales. Ya no sólo Washington buscar frenar el acceso chino a los clientes, la tecnología y la infraestructura sensible. Todos están tomando medidas en esa dirección.El presidente estadounidense, Donald J. Trump (i), y el presidente chino, Xi Jinping (d) (EFE/Roman Pilipey/Archivo)El presidente estadounidense, Donald J. Trump (i), y el presidente chino, Xi Jinping (d) (EFE/Roman Pilipey/Archivo)

Hasta Australia, un país que depende económicamente de China, se convirtió en uno de los primeros países en bloquear a Huawei en su territorio y en pedir que se investigue la —como mínimo— negligencia de China en el manejo inicial del brote de coronavirus. También la India de Narendra Modi, que no es precisamente un promotor de la democracia liberal que pregona el mundo libre, es cada vez más firme en su rechazo a China y está ampliando la cooperación militar con Estados Unidos y sus aliados para contener el avance de Beijing sobre sus disputadas fronteras.

Europa, incluso cuando amplía el intercambio comercial con China, ha instalado nuevas barreras para las adquisiciones por parte de fondos chinos, que parecen ávidos de adueñarse de las principales compañías del continente. Y también está restringiendo la penetración de la tecnología china, dado que los intereses privados son inseparables de los militares en ese país.

Al mismo tiempo, el mundo aumenta busca aumentar la presión sobre un régimen cada vez más represivo. Por caso, ante el drástico recorte de las libertades en Hong Kong, los países de la Unión Europea apoyaron unánimemente las sanciones, algo que hace apenas unos años era impensable. También crecen los cuestionamientos a las flagrantes violaciones de los derechos humanos cometidos por el régimen en Xinjiang contra la minoría uigur. Son solo algunos ejemplos de una tendencia creciente a ver a China como una amenaza que debe ser contenida.

Pero el rechazo no se limita a los líderes de las potencias mundiales. Lo cierto es que los ciudadanos de los países más desarrollados miran con creciente desconfianza a China y a Xi Jinping. El Pew Research Center, uno de los think tanks de opinión pública más prestigiosos del mundo, publicó en octubre pasado un informe actualizado sobre lo que piensan acerca de China quienes viven en las economías más avanzadas. Los resultados eran verdaderamente alarmantes para Beijing.

En Estados Unidos, por ejemplo, se duplicó entre 2005 y 2020 la proporción de personas que tienen una opinión algo o muy desfavorable sobre China: pasó de 35% a 73 por ciento. Se podría argumentar que esto se debe a la rivalidad de Washington con Beijing, pero es un fenómeno generalizado. Apenas inferior fue el alza del rechazo en Alemania, por ejemplo, donde pasó de 37% a 71 por ciento. O en Francia, donde trepó de 42% a 70 por ciento. En otros lugares, como España, directamente se triplicó la desaprobación, que fue de 21% a 63% en el período. Y en el Reino Unido se cuadruplicó: de 16% a 74 por ciento.

Lo interesante es que es algo que atraviesa a todas las regiones del mundo. En América está el caso de los canadienses, entre los cuales, las opiniones negativas sobre China pasaron del 27% al 73 por ciento. En Oceanía está el ejemplo de Australia, donde el rechazo trepó increíblemente en los últimos años: de 32% en 2017 a 81% en 2020. Pero también se ve en Asia. En Corea del Sur, trepó de 31% a 76 por ciento entre 2005 y 2020; y en Japón, de 42% a 86 por ciento.

Es evidente que esta animadversión no es contra la sociedad ni contra la cultura china, sino contra las políticas promovidas por su gobierno. Es lo que demostró el Pew Research Center al preguntar cuánta confianza tienen los habitantes de los países desarrollados en que Xi Jinping pueda hacer lo correcto en los asuntos globales. En casi todas estas naciones se derrumbó.

El 77% de los estadounidenses tienen poca o nula confianza en el presidente chino, cuando hasta el año pasado eran el 50 por ciento. En Alemania, donde la imagen negativa de Xi era incluso más alta que en Estados Unidos (61%), trepó ahora al 78 por ciento. En Francia, donde ya era muy elevada la desconfianza (69%), subió a 80 por ciento. En El Reino Unido, donde en 2018 era bastante más baja (49%) escaló este año hasta el 76 por ciento.

Nuevamente, lo que se ve en esta pregunta es que quienes más cerca están de China son los que peor imagen tienen del régimen. En Japón, la desconfianza llega al 84%, y en Corea, al 83 por ciento. En Australia, donde estaba en el orden del 47% en 2018, creció hasta el 79% en 2020, de la mando de una inquietud creciente por el avance chino sobre el Pacífico Sur.

La conclusión es clara. Si Xi Jinping insiste con el camino que adoptó hace algunos años, cuando empezó a tratar de forzar a los empujones su avance hacia el liderazgo del orden global, es muy probable que las cosas no salgan como él pretende.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba