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El misterio de la botella de whisky japonés de 5.800 dólares: la investigación del Departamento de Estado que atormenta a Mike Pompeo

El Departamento de Estado está buscando una costosa botella de whisky que el gobierno de Japón le regaló a Mike Pompeo cuando se desempeñaba como secretario de Estado norteamericano. El presente, que tiene un valor de 5.800 dólares, lo recibió Pompeo en junio de 2019, según un informe sobre los regalos a funcionarios estadounidenses de gobiernos extranjeros presentado por el jefe de protocolo del Departamento de Estado. Pompeo asistió a la cumbre del Grupo de las 20 principales economías ese mes en Osaka, Japón. Aunque su abogado, William Burck, asegura que el ex ministro de Trump “no tiene ningún recuerdo de haber recibido la botella de whisky y tampoco tiene ningún conocimiento de lo que pasó con ella.”

Los funcionarios del Poder Ejecutivo estadounidense tienen reglas y límites muy preciso sobre los regalos que pueden quedarse. En teoría no podrían tener un valor mayor a 20 dólares, pero hay excepciones. Pueden aceptarlos si su rechazo “probablemente causaría una ofensa, vergüenza o afectaría negativamente las relaciones exteriores”, pero se consideran propiedad del gobierno federal. De todos modos, no pueden superar los 415 dólares. Si son más costosos, deben ser entregados y pasan a engrosar las colecciones de los Archivos Nacionales o de algún museo. También lo pueden comprar enviando un cheque por el valor estimado de expertos en el tema del Departamento del Tesoro.

El whisky japonés en cuestión es de muy alta gama, que puede costar incluso mucho más que los casi 6.000 dólares en los que lo valuó el Departamento de Estado. En 2019, el gobierno federal recibió al menos otras dos botellas de ese whisky: una de 8.374 dólares que el gobierno japonés le entregó al ex asistente de Trump, Matthew Pottinger, y otra de 2.525 dólares y un bolígrafo cuyo remitente no fue revelado, una práctica común para los obsequios recibidos por agentes de inteligencia. La mayoría de los whiskys japoneses tienen un sabor similar a los fabricados en Irlanda, Escocia o Estados Unidos. Pero los precios de estas bebidas subieron drásticamente de precio en los últimos años hasta alcanzar los miles o incluso decenas de miles de dólares. “Hay una enorme demanda por parte de coleccionistas adinerados, especialmente en Asia que pagarán gustosamente el equivalente a un buen coche deportivo por una sola botella de whisky japonés realmente antiguo”, explicó al New York Times, Stefan van Eycken, el autor del libro “Whisky Rising”.El whisky japonés está de moda y hay algunos de estos destilados que pueden alcanzar un valor de decenas de miles de dólares.El whisky japonés está de moda y hay algunos de estos destilados que pueden alcanzar un valor de decenas de miles de dólares.

Mientras que otros regalos recibidos por Pompeo, incluyendo una estatua de halcón de plata del canciller de Arabia Saudita, están clasificados como transferidos al Museo Nacional de la Diplomacia Americana del Departamento de Estado, el whisky japonés está marcado como “disposición desconocida”. Y esto es una falta que, de acuerdo a la legislación estadounidense, puede recibir sanciones penales y administrativas. Si todavía ejerciera el cargo, podría ser llevado a juicio político. Pompeo tiene otras dos investigaciones abiertas, una por gastos excesivos en cenas que dio en el Departamento de Estado y una recepción que tuvo en la colonia judía de Psagot, en los territorios palestinos ocupados, donde lo agasajaron con un vino especial que llevaba su nombre. Le abrían entregado varias cajas de las que no informó oficialmente a su regreso.

Pompeo se enfrentó ya a otras cuestiones relacionadas con la ética mientras ocupó el cargo en el gabinete de Trump. Él y su esposa le pidieron a un miembro del personal del Departamento de Estado y amigo de la familia desde hace mucho tiempo que realizara más de 100 tareas personales, como pasear a su perro, hacer reservas para cenar y enviar tarjetas de Navidad a familiares, según informó el inspector general del Departamento de Estado en abril. Pompeo negó que él o su esposa hubieran cometido violaciones éticas y calificó el informe de “calumnia”, “político” y “lleno de errores fácticos”.

De acuerdo a los mismos informes, los funcionarios de la administración de Trump incumplían habitualmente las directrices sobre cuestiones gubernamentales cotidianas, como el mantenimiento de registros y la ética, y la documentación presentada para los regalos “era a menudo incompleta”. A raíz de la investigación a los Pompeo, Trump echó al Inspector General. “Como mucho de lo que ocurrió en la era Trump, esto surge de una mezcla de reglas y regulaciones que antes eran oscuras y rara vez se invocaban”, explicó Stanley Brand, abogado penalista, experto en ética y ex abogado principal de la Cámara de Representantes. “Manejo los temas de ética pública desde hace 40 años y nunca antes había visto tantas irregularidades”.El ex presidente Donald Trump junto a su secretario de Estado Mike Pompeo. La Administración Trump inclumpió en varias ocasiones el rígido código de ética que deben cumplir los funcionarios estadounidenses. LEIGH VOGEL/ZUMA PRESS. El ex presidente Donald Trump junto a su secretario de Estado Mike Pompeo. La Administración Trump inclumpió en varias ocasiones el rígido código de ética que deben cumplir los funcionarios estadounidenses. LEIGH VOGEL/ZUMA PRESS.

En 1880, la reina Victoria regaló al presidente Rutherford B. Hayes un ornamentado escritorio tallado en madera del barco británico H.M.S Resolute. Desde entonces está en la Oficina Oval, y generaciones de presidentes se sentaron detrás. Es quizá el símbolo más visible de los regalos, a veces extravagantes y a menudo extraños, que reciben los presidentes estadounidenses y que jamás se pueden llevar a sus casas. Claro que hay también algunos ejemplos de lo que no podrían quedarse por razones prácticas. Theodore Roosevelt recibió una cebra y un león de Etiopía; Richard Nixon, un panda de China; George W. Bush, 150 kilos de carne de cordero de Argentina.

Y hay otros presentes que se recibieron con exigencias adicionales. Lloyd N. Hand, jefe de protocolo durante la administración de Lyndon B. Johnson, recordó en su libro el caso en el que el primer ministro del Reino Unido regaló al presidente un abrigo de Burberry. Cuando la delegación británica se estaba yendo, Johnson se probó el sobretodo y vio que las mangas eran demasiado cortas. El presidente le dio el abrigo a Hand y le ordenó que alcanzara al primer ministro y le pidiera que le cambiaran el abrigo por la talla correcta. Hand recuerda que salió corriendo hacia la limusina, mientras los agentes del Servicio Secreto se preguntaban inquietos qué estaba pasando. Consiguió que el auto se detuviera y entregó el abrigo. El regalo regresó unas semanas más tarde por correo y con la talla correcta.

Hasta 1928, todos los regalos de dignatarios extranjeros debían ser aprobados por el Congreso, tras lo cual podían pasar a ser propiedad del destinatario. Pero a medida que Estados Unidos ganaba protagonismo en la escena mundial, se creó una división de protocolo para ayudar a los presidentes a agasajar a los dignatarios visitantes y, por supuesto, organizar los habituales intercambios de regalos. Y nunca falta alguna decisión algo exagerada. Durante la presidencia de George Bush hijo, el presidente de Bulgaria le regaló un perro cachorro que un funcionario envió directamente a los sótanos de los Archivos Nacionales en el Mall washingtoniano. Bush lo rescató y lo entregó a una familia que visitaba en ese momento la Casa Blanca.La etiqueta del vino especial que elaboraron en el asentamiento de Psgot, en los territorios palestinos ocupados, en honor al entonces secretario de Estado Mike Pompeo.La etiqueta del vino especial que elaboraron en el asentamiento de Psgot, en los territorios palestinos ocupados, en honor al entonces secretario de Estado Mike Pompeo.

Durante el período en el que Barack Obama estuvo al frente de la Administración, se registraron dos tipos de aproximaciones diferentes a las limitaciones éticas de los regalos. Hubo quienes probaron con entregas minimalistas: Irlanda del Norte regaló un paquete de sal marina, un pequeño diario personal forrado de tela y un juego de cuatro posavasos; Brunéi probó el mismo enfoque con 12 velas perfumadas y un infusor de té con forma de pingüino. Otros, siguieron una línea más tradicional y ostentosa. El sultán de Malasia regaló al presidente una espada de acero de 20 pulgadas con una funda decorada con piedras preciosas incrustadas, mientras que el primer ministro de Argelia no se quedó atrás y le regaló una daga ceremonial con piedras de coral y plata. No hay muchos antecedentes sobre los que optaron por la posibilidad de adquirir los regalos pagándolos de su propio bolsillo. Se sabe que cuando terminó su mandato como secretaria de Estado, Hillary Clinton optó por comprar el collar de perlas negras que le regaló la líder de Myanmar, Aung San Suu Kyi, en 2012. Pagó 970 dólares.

Trump y su esposa Melania recibieron más de 120.000 dólares en presentes de dignatarios extranjeros en 2019. El año anterior habían sido 88.200 y en 2017, su primer año en la Casa Blanca, fueron 140.000 dólares. Entre los regalos figuran tres portarretratos pintados de fotos por artistas internacionales que aún están en disputa. Trump los quiere en su oficina de Mar-a-Lago. Y el que entonces era el jefe del Comando Central a cargo de las operaciones en Medio Oriente, el general Joseph Votel, tuvo que entregar a regañadientes tres relojes de lujo valuados en 37.000 dólares que le había entregado el gobierno de Qatar.

El whiskey de Pompeo tendrá que aparecer o el ex secretario de Estado deberá pagarlo al precio del mercado del momento. Los expertos en bebidas espirituosas de Oriente creen que ya podría haber superado los 6.000 dólares. El mercado es muy exigente y competitivo. Los precios vuelan.

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